Historia de la Oficina del Historiador
 
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Historia de la Oficina del Historiador

El doctor Emilio Roig de Leuchsenring fue nombrado Historiador de la Ciudad de La Habana en 1935, cargo adscrito inicialmente al Despacho del Alcalde y un año más tarde incorporado al Departamento de Cultura del Ayuntamiento. La Oficina del Historiador de la Ciudad fue creada en 1938 como organismo municipal autónomo, radicando en el Palacio Municipal, hasta que se trasladó en 1947 —ya formando parte del Departamento de Educación— al Palacio de Lombillo, en la Plaza de la Catedral.

Destacado intelectual y periodista, fue a través de la Oficina del Historiador que la labor de Emilio Roig alcanzó una nueva proyección, con la publicación de numerosos libros y artículos sobre la historia habanera y las luchas cubanas por su independencia, la realización de ferias del libro, la organización de bibliotecas y el homenaje a cubanos y extranjeros ilustres. La Oficina intervino en la regulación de los nombres de las calles, el reconocimiento de sitios de valor histórico, el rescate de la casa natal de José Martí y en la recuperación de diversas tradiciones habaneras.

La Oficina dedicó importantes esfuerzos a la conservación de lugares de valor patrimonial, algunos que no pudieron ser salvados, como fue el caso del antiguo convento de Santo Domingo; otros que pudieron serlo parcialmente, como la Iglesia y Hospital de Paula. Hubo casos con más suerte, como los espacios abiertos que rodean el Castillo de la Fuerza, la conservación y restauración del tramo de Muralla y la puerta de La Tenaza, la restauración del antiguo convento e iglesia de San Francisco, la conservación y restauración de la antigua cárcel, las obras de restauración en la Plaza de Armas, el antiguo edificio de Hacienda, la Catedral y el Palacio Aldama.

El 8 de agosto de 1964 se extinguió en su casa de la calle Tejadillo el Doctor Emilio Roig. Para la institución fueron años difíciles, debido el vacío creado por la desaparición física de su principal impulsor.

La restauración del Palacio de los Capitanes Generales para sede del Museo de La Ciudad (un viejo anhelo del Dr. Roig), fue uno de los principales trabajos que se acometerían en lo adelante. Las obras comenzaron en 1967, poco después de trasladar a otra sede las oficinas de la Administración Metropolitana, entidad que había heredado las competencias del municipio habanero.

Desde 1968 fue designado Eusebio Leal como director del Museo de la Ciudad y de la Oficina del Historiador, desde donde continuó la obra de su predecesor. Además de la restauración del Palacio de los Capitanes Generales, la Oficina se dedicaría desde entonces, y durante toda la década del setenta, a la compilación y preparación de documentos y colecciones, y la localización de testigos históricos de la ciudad. A partir de 1980 comenzó a gestarse una conciencia popular respecto a los valores culturales de la ciudad y su centro histórico. Aparecieron sistemáticamente artículos en los medios de prensa; se hicieron ciclos de conferencias y recorridos por lugares de interés. Esta iniciativa dio lugar al programa televisivo "Andar La Habana", todavía en el aire.

La labor de la Oficina acerca de la ciudad y su historia, y el reconocimiento del Centro Histórico como Monumento Nacional, condicionaron que, en 1981, el Estado asignara un presupuesto para su rehabilitación, y encargó a la Oficina la conducción del Primer Plan Quinquenal de Restauración (1981-1986).

Con la crisis económica de los años noventa, y conscientes del compromiso adquirido y la voluntad de continuar con la obra rehabilitadora, se tomó una decisión de vital importancia para el Centro Histórico, al dotar a la Oficina del Historiador —desde entonces subordinada al Consejo de Estado— de respaldo legal e instrumentos para llevar adelante un desarrollo autofinanciado y sostenible en la Zona Priorizada para la Conservación.









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